Como puedes ver en esta web, sé algo sobre dietas.

He probado muchas y he visto los efectos de otras tantas a mis 26 años. Por desgracia, como siempre digo, la genética de las mujeres es algo malvada y nos hace engordar con facilidad.

Por eso somos las que siempre aparecemos en anuncios de dietas y las que sufrimos con ellas. Sobre todo cuando, tras estar meses comiendo a rajatabla, nos aparece el famoso efecto rebote.

La buena noticia es que hoy te voy a contar una historia que tiene poco de ficción y que te hará olvidar las dietas: mi historia reciente con la que he conseguido bajar de peso comiendo más que antes.

Y, lo más importante, sin dietas ni historias raras.

yo
Sí, de verdad, como mucho más que antes y no sigo una dieta con alimentos marcados en rojo al 100%. Gracias a ciertos hábitos que tengo ahora mismo y que he aprendido, como solo lo que mi cuerpo necesita.

Pero eso te lo contaré más adelante. Empecemos por el principio.

Por qué me harté de las dietas

Las dietas de las que hablo en el blog y que he probado no están mal, me han funcionado puntualmente y dependiendo de los casos pueden ser buenas soluciones. Pero el problema es que, tarde o temprano, te acabas cansando de ellas.

Los motivos suelen ser algunos como el tener que atarte a comidas demasiado restrictivas, ser dietas demasiado agresivas o derivar en diferentes problemas de salud.

Yo tengo 26 años y mis antecedentes son los peores si quieres adelgazar:

  • Siempre he estado gordita: nunca he estado fina ni he tenido una constitución delgada, esa suerte no estuvo de mi parte.
  • He pasado por un embarazo: un embarazo cambia tu físico de arriba abajo y te deja con muy pocas ganas de hacer ejercicio y comer bien después. Muchos antojos y pocas ganas de hacer nada.
  • Estoy muy cansada de las dietas: desde hace muchos años he sometido a mi cuerpo a diferentes dietas y, la verdad, estoy cansada de ellas.

En definitiva: con 26 años, bastantes kilos de más y muy pocas ganas de ponerme a dieta me sentía como si el mundo se me cayera encima.

Y es que, tras hacer otra dieta de las que creí que seguiría toda la vida, apareció el famoso efecto rebote y pasé de 55 kilos a 68 en poco tiempo. Mido 1.60, por lo que me había ido de nuevo unos 14 kilos por encima de mi peso.

Un desastre absoluto.

En su día había buscado por Internet y creí haber encontrado diferentes dietas que funcionarían, pero nada. Ya no sabía muy bien dónde buscar…

Pero tuve suerte.

El día que Facebook me alegró la vida

Estaba navegando por Facebook (comiéndome una barrita energética, todo sea dicho) y tras un buen rato me encontré con una publicación que había compartido una amiga.

No me llamó mucho la atención, pero la verdad es que no tenía nada mejor que hacer así que hice clic y me puse a leer.

El artículo en cuestión hablaba de que el pan era uno de los peores alimentos que podíamos tomar y era de un tal Marcos Vázquez de un blog llamado Fitness Revolucionario.

Me quedé a cuadros. No por el hecho de que dijera que el pan era malo, sino porque después me puse a leer un montón de artículos que me dejaron literalmente LOCA.

Marcos hablaba de un método más tradicional de alimentación y de que había que ir hacia atrás para recuperar la salud.

Me enganché literalmente el blog leyendo en esa tarde bastantes artículos. Y entonces encontré lo que cambiaría mi alimentación para siempre.

El Plan Revolucionario: cómo olvidé por fin las dietas y comencé a controlar mi alimentación

En uno de los artículos Marcos hacía referencia a que, si quería saber más sobre el tema de la alimentación, echara un vistazo a El Plan Revolucionario.

plan-revolucionario
Entré y descubrí que era un libro en el que explicaba cómo comer bien, sin estar a dieta, y limpiar tu cuerpo en 28 días.

Sí, sé que suena a lo de siempre, pero yo me dije: ¿qué tienes que perder Marina?

Compré el ebook por 19,95€ y me puse a leerlo en PDF ahí mismo en el ordenador. Como he comentado, tenía bastante tiempo libre en ese momento y ya me había enganchado a leer los artículos, así que seguí con el libro.

Haciendo una pequeña metáfora de comida diré lo siguiente: ¡me bebí el libro en dos días!

Este libro para mí fue un descubrimiento total. Me decía cosas que nunca había pensado, pero que cuando pensaba me hacían decir tiene toda la razón.

No te lo explicaré al completo, pero simplemente te diré que en él Marcos habla de estas cosas:

  • Filosofía de la alimentación: explica por qué debes de comer alimentos “de toda la vida” y cómo la comida afecta a tu estómago, hormonas y cerebro. Es la teoría para entender la práctica que viene después.
  • Alimentos saludables y cómo prepararlos: en esta parte habla de qué alimentos son los más adecuados para tu cuerpo y cómo prepararlos para sacarles el máximo partido. No habla tanto de calorías ni detallitos, sino de cosas simples fáciles de entender.
  • Planes de alimentación: un plan de comidas de 28 días para empezar con buen pie y un plan muy generalista para que sigas durante el resto de tu vida, si quieres.

Pero ya sabemos que de la teoría a la práctica hay un techo, ¿verdad?

Por eso, tras beberme el libro me puse manos a la obra: era hora de descubrir si ese Plan Revolucionario podía quitarme los 14 kilos de más.

Mis primeros 28 días con el Plan Revolucionario

Como he dicho la teoría está muy bien, pero quería ver si todo eso que sonaba tan bien en el libro iba a ser tan bueno en la realidad.

Esperaba no haber perdido el tiempo leyendo las 400 páginas que tiene… y así fue para mi suerte.

Este pequeño plan ponía diferentes comidas para esos primeros 28 días divididos en desayunos, comidas y cenas. Esto ya me chocaba, pues pasar del tradicional “5 comidas al día” a 3 me parecía raro.

Pero había que probar.

Además, también tuve que limpiar casi por completo mi despensa. Eliminé todos los productos procesados, todos los que tenían montones de azucares y todos lo que se anunciaban como light y derivados raros.

Todo lo que no viniera de la naturaleza, no pasaba el filtro.

Tras hacer mi compra mensual y semanal (que también viene indicada en el libro), me puse manos a la obra a cocinar.

Me sorprendió que, una vez cocinado mi primer desayuno, este pareciera más una comida que un propio desayuno. Era muchísima comida, ¿esto me iba a hacer adelgazar?

Y así seguí durante una semana. La verdad es que pensaba que comía demasiado, pero me daba cuenta de que diciendo adiós a los cereales, pan y otros productos e incluso dándome caprichitos con chocolate negro mi cintura iba reduciéndose.

Y así fue.

2 semanas después pesaba 4 kilos menos. Y me quedé LOCA otra vez: si estaba comiendo más, ¿cómo podía pesar menos?

La clave está en que comía comida de verdad. Nada de porquería procesada. Y encima estaba gastando más o menos lo mismo cada vez que iba a comprar.

Quien te diga que comer sano es caro, ¡te miente!

Total, cuando terminé el plan de 28 días había bajado 7 kilos de peso sin restricciones de comida, yendo a comer alguna vez pizza y encima me sentía mejor.

Yo
Cuando digo mejor es que tenía más vitalidad y algunos problemas que había tenido de siempre (digestiones pesadas o gases por ejemplo) iban desapareciendo.

Me ilusioné muchísimo porque creía haber encontrado la solución a mis malditos problemas.

Y así fue, porque hoy en día ya llevo 3 meses siguiendo el plan y peso 50 kilos, manteniéndome y comiendo más que antes.

Simplemente he aprendido a elegir las comidas y cocinarlas.

En vez de tomarme una barrita energética, ¡creo mi propia barrita energética!

En vez de tomarme un batido de Puleva, ¡creo mi batido de fresa y plátano con mi licuadora!

Y etc, etc, etc.

Una historia con final feliz

Ahora mismo estoy escribiendo esto mientras en mi horno se hace un pollo a la mostaza con patatas en sal que están para morirse.

Si ese es el tipo de comida que quieres comer mientras tu cuerpo te lo agradece, mi historia puede ser la tuya.

Pasa ya de las dietas, de todo lo que dice la industria de la comida y, como decimos los que hemos comprado el libro, ¡únete al Plan Revolucionario!

Ahora, fuera de bromas, solo te diré una cosa: pruébalo.

A mí me ha cambiado la vida y ahora soy más feliz que una perdiz comiendo de todo. Hasta mi madre me ha dicho que cocino mejor que nunca.

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Antes de terminar de contar mi historia, quiero agradecerle a Marcos Vázquez haber escrito este libro. Dudo que lea lo que estoy escribiendo, pero gracias a él hoy os escribo esto y soy un poquito (¡bastante!) más feliz.

Si tienes cualquier duda sobre el libro o quieres preguntarme sobre cómo me está yendo con esta dieta, solo tienes que dejarme un comentario aquí abajo. Prometo contestarte en cuanto pueda 😉